Rosario de las Lagrimas de la Sma. Virgen de Fatima

miércoles, 26 de junio de 2013

Del modo de orar, aplicando los sentidos interiores del alma



Mensaje de la Siempre Virgen María de Guadalupe para el Mundo a través de la Vidente y Profeta María de la Cruz en el Cenáculo de oración por la Salvación de las almas “La Sagrada Familia”

15 DE ENERO DE 2013
10:04 HRS.




Dice Santa María Virgen:

He de deciros hoy, pequeña Mía:


Te hablaré del modo de orar, aplicando los sentidos interiores del alma a la contemplación de los misterios que habéis de meditar.

El modo de orar por la aplicación de los sentidos sobre los misterios de la fe, este es un modo más de contemplación que de meditación; porque la meditación discurre de una cosa en otra buscando las verdades escondidas; pero la contemplación es una vista sencilla de la verdad, sin verdad de discursos , con grandes afectos de admiración y amor; porque después de haber meditado los misterios de vuestro Señor Jesucristo, es bien dar otra vez vuelta sobre cada uno con este modo de contemplación afectuosa, que llamamos aplicación de sentidos, porque así como los sentidos exteriores brevísimamente, sin rodeos de discursos, perciben sus objetos y se deleitan y saborean en ellos, así en esta contemplación los sentidos interiores del alma, que son sus mismas patencias interiores con la verdad de sus actos , sin nuevos discursos, presuponiendo los que se han hecho en otros tiempos, perciben estas verdades y sacan de ellas afectos maravillosos de devoción, previniéndoles vuestro Señor Jesucristo con su especial gracia, sin lo cual no pueden acertar a entrar en tal modo de contemplación.


Ahora os digo María de la Cruz:

La vista interior del alma.- 

 Esta es la imaginativa, la intelectual, las personas que están en aquel portal de Belén o en el Templo de Jerusalén y lo que hacen, con las circunstancias que son objeto de la vista, sacando de ellas afectos de admiración y amor, de gozo o compasión e imitación. Y si de ellos procedieron algunas nuevas ponderaciones y meditaciones, como suele vuestro Señor comunicar en estos casos, he de admitirlas deteniéndote en ellas el tiempo que durare la luz que se te dio.

Practicad esto: 

Mirando a Dios Hombre Aposentado en un establo con las bestias, encogeré Mis hombros con admiración y pasmo de tan profunda humildad como resplandece en un Señor de tanta Majestad. Mirándole hecho Niño tierno para hacerse más amable, porque los niños son amables, Me desharé en ese amor de Niño tan Precioso y Hermoso, Regalándome con Él como Mi Padre Conmigo, porque es mayorazgo de Mi Padre Celestial, y tan Mío, que hace para Mí y para bien Mío. Mirando el corazón del Niño ardiendo de amor y en deseo de Mi misma salvación.

Entonces piensen que si brotan sus lágrimas de sus ojitos  por el dolor de sus pecados y si se ofrecieren al Padre Eterno, creedme juntaré Mi Corazón con el vuestro, para que les pegue aquel amor y aquel dolor, trabajando los coloquios con Él para que te junte Consigo. Asimismo, mirando sus virtudes, su pobreza, humildad, mansedumbre y paciencia, habréis de cogerlas para vosotros mismos, como quien coge un ramillete de mirra para traerle delante de su pecho y entrañarle en su corazón, diciendo con gran ternura: 

“RAMILLETE DE MIRRA SERA MI AMADO PARA MI” (Cant., 1, 12); 

delante de mis ojos la traeré para nunca perderle de vista, ni echarle en olvido.


Oír con los oídos del alma. 

- Atended a oír las palabras interiores e inspiraciones con las que Dios te hablare al corazón. En lo cual se ha de advertir, no sólo para este punto, sino para cualquier otro modo de oración mental o vocal, que de algún modo delante de Dios y mirando estos misterios, es bien un breve rato parar con reverencia, como quien espera oír lo que le dicen, o recibir la limosna que suelen darle, poniéndose, como decía la Cananea, al modo que está un cachorrillo junto a la mesa, enclavados los ojos en los que comen en ella, esperando, que le compartan un pedacito de pan para comer (Mt., 15, 27).O, como dice David, al modo que el buen esclavo tiene puestos los ojos en las manos de su Señor (Ps. 122, 2), esperando ver lo que le manda, como lo hacía el Profeta Habacuc (2, 1) cuando dijo:

 “Pondremos sobre mi atalaya con firmeza y allí contemplaré para ver lo que se me dice y lo que responderé al que me arguyere”, 

Que quiere decir:

 Puesto en mi contemplación, escucharé lo que Dios me inspira y me habla dentro de mi corazón; o reprendiéndome y corrigiéndome de lo malo que tengo o consolándome y exhortándome al bien que debo hace, o dándome alguna respuesta interior a lo que deseo, al modo que el Espíritu Santo la dio en la oración, al Santo Simeón. Y habiendo estado un rato en este silencio, si no sintiere inspiración del Señor no tengo de estar ocioso, sino provocarle a que me hable, hablándole yo y diciendo como Samuel (1 Sam., 3, 10).

 “HABLA, SEÑOR, QUE TU SIERVO OYE”;

 o como Él dijo a la Esposa (Cant., 2, 14): 

“SUENE TU VOZ EN MIS OIDOS, PORQUE TU VOZ ES MUY DULCE PARA MI”.

También de este modo, escuchando con el oído del alma Jesús oye las palabras que habla con Su Eterno Padre, y los amorosos coloquios que tiene Él sobre todo por la salvación. 

Alegraos vosotros mismos de no oír en vida sus gemidos, porque si oyesen los gemidos exteriores que da, aprenderían a gemir por sus pecados, si oyesen lo que Mi Hijo les dice, si lo oyeran en cada lugar donde están, escucharían como reprende tan amorosamente a su soberbia, a su vanidad y curiosidad en el vestido, cómo te exhortaría a que te hicieras niño y te presentara y ofreciera al servicio de Su Padre Eterno. Todas estas palabras tengo que decírselos para que oigan, recíbanlas con agrado, porque he de Suplicarle al Padre que se las inspire dentro de su espíritu con determinación de cumplirlas. 

Asimismo Pequeños niños de Mi Corazón, procuren oír como lo que el Espíritu Santo dijo a Simeón, y el mismo Simeón cuando vio su deseo cumplido, así deberíais de aprender a oír al Espíritu de Dios, y saber escucharle y como lo hice Yo creyendo en Dios.

Oler con el olfato del alma.

 El olor suavísimo y la fragancia Celestial que sale de Mi Niño Jesús y de Sus Virtudes, mirando cuán bien huelen a Dios, a los Ángeles y a los justos y de cuánta Honra y Gloria son para Dios vuestro Señor, y de cuánta edificación para la Iglesia. Y con este olor han de tener para confortarse y alentarse para imitarlas.

¿Queréis sentir más esto?, ponderaré cómo el olor suavísimo que salía de las obras y virtudes de Mi Hijito Jesús recrea al Padre Eterno, el cual diría como Isaac dijo a su hijo Jacob. 

“EL OLOR DE MI HIJO ES COMO DE UN CAMPO LLENO DE FLORES, A QUIEN BENDIJO EL SEÑOR” (Gen. 27, 27). 

Ponderaré cuánto recrea este dolor a las almas justas que le huelen, como aquellas que decía 

“CORREREMOS ENPOS DE TI AL OLOR DE TUS UNGUENTOS” (Cant., 1, 3),

 porque la pobreza de vuestro Señor Jesucristo, su humildad y mansedumbre echan de si una fragancia que arrebata el corazón y le llevan tras si para juntarle con Él.

Tomad pues este consejo Mis niños: 

De aquí podréis contemplar cuán bien huele a Dios y a los hombres la obediencia, la modestia, la humildad, la paciencia y la caridad, en cualquier persona que las tenga con excelencia, y cuánto edifica a la Iglesia y a los prójimos; por lo cual dice San Pablo (2 Cor., 2, 15) de los justos, que son buen olor de Jesucristo. Y al contrario, cuán mal huele a Dios y a los hombres la soberbia y desobediencia, la inmodestia y cualquier otro vicio; ponderando cuán lejos estaba este mal olor de aquel Santo lugar donde estábamos Mi Hijo Jesús y Yo, y cuán lejos debe de estar de vuestra alma, para no darle disgusto a quien tanto le deben.

El gusto del alma

 Con el gusto interior, es gustar la suavidad y dulzura de aquel Niño Benditísimo y de Sus Virtudes y cuán dulces eran para Dios y para Él mismo, y cuán lo son para todos los que las ejercitan a su imitación, aplicándome a probar lo que dice David (Ps., 33, 9):

 “GUSTAD Y VED CUÁN SUAVE ES EL SEÑOR”;

 ¡Oh, qué gusto sentirá el Padre Eterno en mirar las Virtudes de Su Hijo, y qué gusto tenía El Hijo en darle contento en todo!
¡Oh, qué dulzura sentía este Niño Benditísimo en verse pobre, despreciando y recostado en un pesebre de animales! 

¡Cuán dulces y suaves le eran las lágrimas que derramaba!

 ¡Y cuán sabroso le era cumplir en todo la voluntad de Su Padre, mucho más sin comparación que la leche que mamaba a los pechos de Su Madre! 

Y a su imitación procuraras sentir altamente de esta dulzura y de la suavidad que pone Dios en los desprecios y trabajos, en la pobreza y lágrimas, endulzoradas con el ejemplo de este Niño Benditísimo. Si con este afecto despertarais en tú alma una gran hambre de gustar estas cosas y de percibir los gustos del espíritu, para que seme haga desabrida la dulzura de la carne. Si con este afecto  mirareis la dulzura que sintió el Santo Simeón con la precia del Niño Jesús, la cual fue tan grande, que le puso fastidio de ver y gustar cosa de esta vida, y le endulzoró la misma muerte.

Ahora puedo ponderar esto:

 Cuánta amargura está escondida en el vicio y en el alma que sigue su propia voluntad y se rinde a sus pasiones, y haciendo reflexión sobre lo que pasa por vosotros cuando pecan, 

¿Gustarás de esta amargura que en ti sientes y luego la abominarás y escupirás, con deseo de nunca más probarla?, 

acordaos todos de lo que dijo Jeremías (2, 19): 

“TU MALICIA TE ARGUIRA Y TU CULPA TE SORPRENDERA ;

 POR TANTO, APRENDE Y VE CUÁN AMARGO ES HABER DEJADO A TU SEÑOR DIOS”

El tacto del alma

 Con el tacto interior tocar espiritualmente las vestiduras de aquel Niño, el hecho de aquel pesebre, la tierra de aquel portal, besándolo y abrazándolo con Mi corazón, engendrando en Mi un inmenso amor.

Entonces díganse a ustedes mismos: 

Como si te hallases presente a todo, tengo de llegarme al Niño y pedirle licencia para tocarle los pies, besárselos y abrazarme con ellos, llorando allí mis pecados y pidiéndole como la Magdalena, perdón de ellos. Luego con más confianza le pediré licencia para tocarle las manos y besárselas y regalarme con ellas, suplicándole me dé su bendición; o como dijo en Santo Simeón, le tomaré en mis brazos y le abrazaré con grande amor, pidiéndole que me abrace consigo, sin dejarme apartar de Si. Y si hubiere llegado a la perfección de la Esposa, que decía (Cant., 1, 1):

 “BESEME CON EL BESO DE SU BOCA)”,

 podré aspirar al deseo de tocar aquel Divino Rostro y unirme con Su Divinidad con unión de perfecto amor, gozándome con solo verle y amarle. 

 ¡Oh que dulzura y suavidad se siente con este tocamiento espiritual, con el cual, como dijo la misma  Esposa (Cant., 5, 4), se conmueven y enternecen todas las entrañas, deseando meter dentro de ellas a su amado”.

¡Ha!, pero también he de tocar la dureza de la cama del Niño, el rigor del frío que padecía, la estrechura de aquellas mantillas en que estaba envuelto y fajado, y aplicarme a desear que mi tacto toque siempre cosas duras y ásperas por este Señor, huyendo de  las blandas y regaladas, que Él tanto aborreció.

Ahora os dejo esta meditación: 

He de concluir con este coloquio a vuestro Señor Jesucristo, suplicadle purifique y aclare los sentidos de vuestra alma para que vosotros lo sientan y amen como Él lo quiere, deseando reformar y renovar vuestros sentidos, como dice San Pablo (Rom., 12, 2)

 “PARA PROBAR Y APROBAR CON LA OBRA LA VOLUNTAD DE DIOS, BUENA, AGRADABLE Y PERFECTA, PARA GLORIA SUYA POR TODOS LOS SIGLOS”. AMEN.


Yo los bendigo:

+ En el Santo Nombre de Dios Padre Yahvé.
+ En el Santo Nombre de Mi Hijo Jesucristo.
+ En el Santo Nombre del Espíritu Santo Paráclito.
+ Y en Mi Nombre, María de Guadalupe.
Amén, Amén, Amén.



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LOS MALOS IRAN AL CASTIGO ETERNO Y LOS JUSTOS A LA VIDA ETERNA


Mensaje de la Siempre Virgen María de Guadalupe para el Mundo a través de la Vidente y Profeta María de la Cruz en el Cenáculos de Oración por la Salvación de las Almas “La Sagrada Familia”
08 DE ENERO DE 2013


11:00 HRS.





Pequeña niña, en el amor de Dios Padre Yahvé, a vos os dice tu Madre del Cielo, María de Guadalupe, para el mundo:




Esto dice el Señor Dios de todo el
universo, en (Mt., 25, 46): 



“LOS MALOS IRAN AL CASTIGO ETERNO Y LOS JUSTOS A LA VIDA ETERNA”.



Habréis de considerar todos, la ejecución de la sentencia dada contra los malos; porque en estas letras que se escriben, sin dilación alguna, a la vista de los buenos se les abrirá un día la tierra debajo de sus pies y serán arrebatados de ellos los demonios, de unos y otros, y bajarán a los infiernos y luego la tierra se tornará a cerrar, quedando para siempre sepultados en aquel abismo de fuego.

  Entonces se cumplirá lo que está escrito en el Salmo (54, 16): 


“VENGA SOBRE ELLOS LA MUERTE Y BAJEN VIVOS AL INFIERNO”. 


Y lo que dice San Juan en su Apocalipsis (20. 9, 10, 14, 15): 

“QUE EL DIABLO, LA MUERTE, EL INFIERNO Y TODOS LOS QUE NO ESTABAN ESCRITOS EN EL LIBRO DE LA VIDA, FUERON ECHADOS EN EL ESTANQUE DE FUEGO,  PIEDRA  Y AZUFRE, DONDE SERAN ATORMENTADOS DE DIA Y DE NOCHE, POR TODOS LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS, CON EL ANTRICRISTO Y SU FALSO PROFETA”.


Y está es la muerte del que habla el Señor en: Apoc. (20, 14),

 Amarga y eterna que comprende las almas y cuerpos que murieron por la muerte de la culpa, y la muerte corporal que de ella se siguió

¡Oh qué rabia tan furiosa tendrán los condenados, viendo que no pueden resistir ni impedir la ejecución de esta sentencia! 


¡Oh que envidia tan amarga penetrará sus entrañas, viendo la gloria de los buenos, de quien se apartan!


¡Oh qué tristeza tan desesperada recibirán con esta muerte en la primera entrada, por la boca de aquel hediondo estanque infernal!


¡Oh qué agonías tan rabiosas, viéndose cubiertos con montes de tierra, cerrados con cerraduras eternas, y atados de pies y manos con cadenas de perpetua damnación!


Entonces verán por experiencia cuán malo y cuán amargo fue haberse apartado de su Dios y haber dejado su Santo temor (Jer., 2, 19). Es mejor que tema tu alma de lo terrible de esta muerte, para que huyas de la maldad. Sobretodo evitar la muerte inducida. 



Entra mejor con el espíritu de estas aberturas de la tierra, escóndete dentro de ellas, mirando con quietud lo que allí pasa, para que temas la ira del Todopoderoso y escapes de su furor.


También ponderaré cómo se alegrarán los buenos, como dijo David, (Ps., 57, 11):

 ”VIENDO LA VENGANZA QUE LA DIVINA JUSTICIA TOMA DE LOS MALOS”.

 Y aunque  entre los condenados esté el que fue su padre o madre, hermano o amigo, no recibirán pena, sino alegría, por ver la suficiente razón que tiene Dios Padre Yahvé en lo que hace, y así cantarán el cántico que cantó Moisés cuando los Egipcios fueron hundidos en el mar (Exod., 15, 5, 6) , y el cántico del Cordero, que refiere San Juan, diciendo: 

“GRANDES Y MARAVILLOSAS SON TUS OBRAS, SEÑOR DIOS TODOPODEROSO, JUSTOS Y VERDADEROS SON TUS CAMINOS, REY DE TODOS LOS SIGLOS”.


¿Quién no temerá, Señor y engrandecerá Tu Nombre?; porque Tu solo Eres piadoso y Tus juicios son a todos manifiestos”, (Apoc., 15, 3, 4).


De aquí, dice el Señor de los Ejércitos, subiré a ponderar el modo de la ejecución de la sentencia de los buenos, mirando cómo todos los bienaventurados se levantan sobre los aires siguiendo a su capitán Jesús, cantando mil cantares de alegría, glorificando a Dios, por haberles librado de tantos y tan graves peligros, con aquellas palabras del salmista (Ps. 123, 6, 7, 8): 

“BENDITO SEA EL SEÑOR, QUE NOS LIBRÓ DE LOS DIENTES DE NUESTROS ENEMIGOS Y NUESTRA ALMA HA SIDO LIBRADA COMO PÁJARO DEL LAZO DE LOS CAZADORES, EL LAZO SE ROMPIÓ Y NOSOTROS QUEDAMOS LIBRES; PORQUE PUSIMOS NUESTRA CONFIANZA EN EL NOMBRE DEL SEÑOR, QUE HIZO EL CIELO Y LA TIERRA”.


De esta manera penetrarán todos los cielos, hasta llegar al mismo Cielo empíreo, donde Jesucristo vuestro Señor les dará una mansión cerca de Él, cerca de Su Solio, lleno de Gloria y Majestad, sintiendo la paz y el gozo por toda la eternidad, amen.


¡Oh dichosos los que trabajan en la vida virtuosa, porque serán muy bien premiados en la vida eterna en el Cielo. Alégrense las almas, que con la esperanza de tales premios se abrazan con gran fervor a estos trabajos.





Ahora bien hijitos Míos de Mi Corazón os dejo esta reflexión:



Consideren entonces (como dice San Bernardo), este mundo como en un lugar medio entre el Cielo e infierno, y que estoy aquí al modo que están los novicios en la casa de probación, probándome Dios con los preceptos que me pone y con los trabajos que me envía, pero ayudándome con Su gracia para que salga bien probado.


Si pruebo mal siguiendo el partido del demonio, por sentencia de Dios irrevocable seré echado del mundo al infierno.


Si pruebo bien cumpliendo la voluntad de Dios, por sentencia Suya, seré llevado del mundo al Cielo.


Por lo cual sumamente me conviene mirar cómo vivo, para que salga de este mundo bien probado.



La muerte es el final de la Vida  en la Tierra y es iniciar una nueva vida, el que haya tenido buenas obras ira al Cielo pero el que haya ocupado sus obras para el mal ira al fuego eterno.



He de ponderar que si Mi Hijo Jesús es el Juez de vosotros han de pensar mis hijos vivos del mundo que es mejor tenerle a Dios que alejarse de Él.



Envío Bendiciones a Mis hijos del Mundo, a todo ser viviente de la Tierra, me uno a las oraciones de vosotros, me uno al dolor de Mis hijos que están en cama enfermos, Bendigo a toda creatura que bendice a su hermano, sobre todo a aquellos hijos Míos que han tenido el valor de perdonar; porque a ellos los ha perdonado Mi Hijo. Amén.   




Yo los bendigo con el grande amor que les tengo de Madre.

+ En el Santo Nombre de Dios Padre Yahvé.
+ En el Santo Nombre de Mi Hijo Jesucristo.
+ En el Santo Nombre del Espíritu Santo Paráclito.
+ Y en Mi Nombre, María de Guadalupe.
Amén, Amén, Amén.



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domingo, 16 de junio de 2013

Rueguen por la UNIDAD FAMILIAR

7 de Septiembre de 2012 – 9:54 a.m.

Mensaje de la Siempre Virgen María de Guadalupe para el Mundo a través de la Vidente y Profeta del Final de los Tiempos Maria de la Cruz, dado en el Cenáculo de Oración por la Salvación de las almas “La Sagrada Familia”





Pequeños Míos, deben pedir a San José, padre amoroso quien intercede por todas las familias, pues Leviatán esta imbuido, rueguen por la UNIDAD FAMILIAR; porque viene a cumplirse otro texto de las Sagradas Escrituras, ahora mas que nunca se verá que los hijos levantarán las manos en contra de sus padres, blasfemarán contra Dios, exigirán milagros, no pedirán con humildad, hombres contra los hombres, el hombre acabará con el hombre.
Cuiden, cuiden mucho La Santa Comunión con todo respeto para Mi Hijo, al Señor de Señores, el Sumo Sacerdote, su gran Maestro, síganlo, aprendan; pero sobre todo apliquen su Santa Doctrina.

Que ya no pare el santo Rosario todos los días, es muy importante orar el Credo, el Credo es importantísimo para el Mundo. A todos los Videntes y Profetas, en el Amor de Dios, únanse en la oración porque Baal esta al acecho con todos, esta muy enojado por las Revelaciones. Hacer lo propio hoy, hagan una oración hoy ante el Santísimo de rodillas ante Mi Hijo, pídanle y pongan el Mundo a Sus pies. Amén, Amén, Amén.

Bendigo nuevamente la tierra, el aire, el fuego y el agua de todo tipo, denle gracias a Dios por la lluvia, denle gracias porque todavía tienen alimentos; aunque ya no muy sanos, más bien contaminados. Ya Mis hijos campesinos no hayan la puerta y el remedio para los granos porque ya están todos ocultos para el tiempo de la Tribulación.

  • Estén al pendiente, ya tembló en el Medio Oriente, ya tembló en China, pidan por estados Unidos, por Japón, por el Tsunami, oren por Mi México pues las placas tectónicas están a punto de dar un vuelco junto con la tierra y el agua.

Habrá hijos enfermos de depresión por el caos y la desesperación encima de la Tierra, el miedo, dentro de la tierra haciendo torbellinos donde quiera; Yo le pido a Mi Hijo Jesús que tenga compasión de todos, especialmente por mis calcañares y sus hijos. 

Ya derrama Hijo Mío  tus últimas gotas de Sangre Sobre la tierra. Que el mundo entienda que Tu eres el único Salvador del mundo a quien se le ha dado toda potestad, en el Cielo, en la Tierra y hasta en los avernos y toda rodilla se doble ante ti Hijo Mío suplicante, reparando tu Sacratísimo Corazón que pocas gotas de amor te quedan. Misericordia pidan, misericordia al Padre porque es el Bendito Dios Padre Misericordioso del mundo entero, el Dueño y Señor  de todo lo que existe. 

Yo me arrodillo ante el Padre hoy a las Tres de la tarde ante Mi Hijo Jesús por Su Misericordia Santa. Agua Viva del costado de Mi Hijo purifica la Tierra, suplico a Mi Hijo Jesús y seguiré suplicando para que se aplaque el Final de los Tiempos o cuando menos se arrepientan a tiempo.

Los bendigo a todos:

+En el Nombre de Mi Padre Yavé ,
+En el Nombre de Mi Hijo Jesucristo, el Gran Amor,
+En el Nombre del Espíritu Santo Paráclito, porque Él es el que lleva y trae del Cielo hasta directo al Padre sus Gracias y la comunicación.
+El Amor derrámese  sobre los hombres y los Bendice su Madre Santa Virgen maría de Guadalupe.
Amén, Amén, Amén.



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Que su santa vocación encuentre entrada en vosotros

21 DE AGOSTO DE 2012
11:58 HRS.

Mensaje de la Siempre Virgen María de Guadalupe para el Mundo a través de la Vidente y profeta del Final de los Tiempos María de la Cruz.






Buenos días niña Mía:



Como vuestro Señor Jesucristo nunca cesa de llamar a los hombres para que le sigan, pondré en esta meditación la disposición más conveniente que deben procurar para que su santa vocación encuentre entrada en vosotros y por ella alcancen la vida eterna.  

Hay algo muy importante que declaró Mi Hijo Jesús en aquella memorable sentencia dicha por San Lucas 14, 33… 

“Cualquiera de vosotros que no renuncie a las cosas que posee, no puede ser Mi Discípulo”.

 En las cuales palabras no manda a todos que renuncien a todas las cosas, dejándolas con efecto, sino con el corazón, esto es: quitando las aficiones desordenadas de ellas y estando aparejados a dejarlas cuando fueren impedimento de su salvación o cuando el mismo Señor, con especial vocación, les inspire que las dejen, por serles medio mucho más conveniente y seguro para que se salven. Y debajo de todas las cosas, se comprende haciendo: Honra, Dignidad  y Oficio preminente, con sus Padres, Hermanos, Hijos, Amigos y Conocidos y cualesquier persona o cosas de la tierra cuyo amor desordenado puede impediros seguir a Mi Hijo Jesús y ser sus Discípulos.  

Después de este consejo, les presento tres suertes de hombres que deseen el fin de su salvación y quisieren disponerse para alcanzarle, siguiendo a vuestro Señor Jesucristo, para que vean cuál de ellos acierta y con cuál se han de conformar: 



La primer suerte es de aquellos que desean alcanzar el fin de su salvación sin aplicar medios para ello, por la grande dificultad que sienten en ellos; querrían seguir a Cristo vuestro Señor; pero no renunciar a todas las cosas y si desean renunciarlas y quitar sus aficiones desordenadas, no toman medios eficaces para quitarlas; como el enfermo que desea sanar, mas no querría sangrías, ni purgas, ni otras medicinas necesarias para su salud, por el dolor y amargura que siente en tomarlas. Estos tienen disposición totalmente contraria a la divina vocación y al mandato de renunciar a todas las cosas y nunca alcanzarán salud espiritual ni la vida eterna, porque ésta no se alcanza, con puros deseos si faltan obras buenas, y aunque parece que quieren salvarse y sanar, pero de verdad no quieren. Y por eso dijo el Espíritu Santo (Prov. 13, 14), “El perezoso quiere y no quiere”. Quiere el fin, pero no quiere los medios; quiere ir donde está Cristo, pero no quiere ir tras de Cristo; quiere la virtud en cuanto buena y no la quiere en cuanto dificultosa, y así la deja. También hagan reflexión de sí mismos, para ver si tienen este mismo engaño en la pretensión de algunas virtudes; porque algunas veces digo que deseo alcanzar la humildad y vencer la soberbia, pero no quieren humillarse ni que les humillen; y dicen que desean tener paciencia y vencer la ira, pero no queréis sufrir pues así quedarían siempre soberbios e impacientes.


Porque la mortificación de las pasiones es el medio muy necesario para vencer los vicios y los ejercicios de las virtudes son necesarios para ganarlas. 



La segunda suerte es de otros hombres que desean el fin de su salvación y aplicar medios para alcanzarle, pero medios trazados por su propio juicio y voluntad y no por la de Dios. Quieren seguir a vuestro Señor Jesucristo y renunciar la afición desordenada de sus cosas, pero se aferran en que ha de ser con condición de quedarse con ellas; y aunque les sean ocasión de pecar y aunque Dios les llame interiormente, para que las dejen, no quieren y se entristecen como el otro mancebo rico a quien dijo Cristo vuestro Señor (Mt., 19, 21) 
“Si quieres ser perfecto, vende cuanto tienes”,
 Estos son como los enfermos que quieren sanar y aplicar medicinas, pero no las que el médico escogiere, sino las que ustedes señalaren conformes a su gusto, queriendo torcer la voluntad del médico para que las apruebe. Los que sean así quieren traer la voluntad de Dios a la suya y no llevar la suya a la voluntad de Dios; y por consiguiente tienen disposición repugnante a la divina vocación de renunciar a todas las cosas y con riesgo de condenarse, porque quizá vuestro Señor sabe que su cura está en dejar las cosas que poseen, para quitar las aficiones desordenadas y muchos pecados que proceden de ellas. Y, generalmente, deben creer que el remedio de sus enfermedades espirituales no está en los medios que ustedes escojan con sus juicios ciegos, sino en los que ordenare Dios, que es el Médico de su alma.  


Daré un ejemplo: Naamán, con su lepra, aunque deseaba mucho sanar de la lepra, no quería aplicar el medio que le señaló el Profeta Eliseo, que era bañarse siete veces en el río Jordán, sino el medio más fácil que inventó su propio juicio, que era tocándole el Profeta con su mano, pero por supuesto que no sanó de ese modo ni por ese medio que él mismo escogía, sino por otro que más le convenía. 

Hago también la siguiente reflexión, sobre ustedes mismos en otras cosas particulares de su vida, para ver si tienen este engaño: 

Porque si se confiesan es yerro no querer seguir los medios de su cura que el Confesor prudente señala, sino los que a ustedes se les antojan. Y si eres religioso, es gran engaño pretender la perfección de tu estado por los medios que ustedes escojan por su propio juicio, queriendo traer la voluntad de los Prelados a que quieran lo que ustedes quieren y no inclinar la de ustedes a aceptar lo que ellos quieren; y así les dirá Jesucristo vuestro Señor, lo que le dijo a San Pedro (Mt., 16, 33), en otro caso semejante:  


“Adversario, vente tras de Mí, porque no tengo de hacer Yo, lo que tú quieras, sino tú lo que Yo quiero. No ha de seguir el Maestro al Discípulo, sino el discípulo al Maestro, ni el súbdito ha de gobernar al Superior, sino el Superior al súbdito.”  



La tercera suerte es de aquí que la suerte de hombre la más dichosa, es de aquellos que desean alcanzar el fin de su salvación y la victoria de sus aficiones desordenadas y las perfecciones de las virtudes por los medios que Dios quiere, resignándose totalmente en su voluntad, estando aparejados para retener o dejar todas las cosas que poseen, con igualdad de ánimo, según que fuere más conveniente para Honra y Gloria de Dios vuestro Señor, y la salvación de sus almas, como los enfermos que desean sanar y se arrojan en las manos del Médico con determinación de tomar los remedios que Él juzgare ser más convenientes para su salud, sin inclinarse de su parte a uno que a otro.  

Estos Hijos Míos, tienen admirable disposición para oír la divina vocación y recibir sus ilustraciones e inspiraciones, confiando siempre en la providencia de vuestro Padre Yavé, vuestro único Dios verdadero, el cual, como dijo el Profeta Isaías (48, 17), 

“Nos enseña las cosas provechosas y convenientes y nos gobierna en este camino del Cielo por sí mismo y por medio de sus Ministros; y los que se dejan Gobernar de Él, aceptando todos los medios que inspira y manda, alcanzarán un río de paz y un mar de santidad y llegarán con seguridad al puerto de su salvación y perfección; porque la Divina Providencia llama a cada uno para el estado y modo de vida que más les conviene. 

Hay Hijitos Míos que quieren pasar más adelante, y se desviven por imitar más perfectamente a vuestro Señor Jesucristo, se inclinan y desean, cuanto es de su parte, ser:

  Pobres, despreciados y afligidos como Él lo fue, antes que ser: Ricos, Honrados y consolados como otros justos lo han sido; aunque conservan siempre la indiferencia para tomar o dejar todo esto, según lo quisiere Dios; pero no a todos Vuestro Padre Santísimo concede esta gracia de llamarlos para que le sigan con actual pobreza voluntaria en vida religiosa o para que padezcan injurias y trabajos por su amor (Phil., 1, 39). Esta disposición se debería procurar con todas sus fuerzas a imitación del Apóstol (Gal., 6, 14), que dice:

 Guárdame Dios de gloriarme en otra cosa que en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está Crucificando para Mí y Yo para el mundo, porque Yo aborrezco y desprecio al mundo y el mundo también, con efecto, me aborrece y desprecia, tratándome como a un Crucificado, que de todos es tenido por infame y desdichado”.  



El que guste pequeño Mío, seguir la vocación de Mi Hijo Jesús, renuncie a toda esa vida desordenada, al pecado, a las cosas vanas y superfluas, para llegar a ser un verdadero Discípulo de Jesucristo.



Y Yo les bendigo, en el Nombre del Padre

De Mi Hijo Jesucristo,

A través del Espíritu Santo, Paráclito

Y de Su Madre María de Guadalupe,

Amén, Amén, Amén.





Gracias Madre Santísimas por tan sustanciosas palabras.



Alabado sea el Padre Yavé,

Alabado sea Jesucristo,

Alabado sea el Santo Espíritu de Dios,

Bendita y Venerada seas Madre Santísima.





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Yo me confieso , ¿ Y tú?

Yo me confieso , ¿ Y tú?
Para recibir la Sagrada Eucaristía hacen falta tres condiciones: 1) estar en gracia de Dios; 2) saber a quién se va a recibir, acercándose a comulgar con devoción; 3) y guardar una hora de ayuno antes de comulgar.

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Confesarse:

Decía el Santo Cura de Ars:

Hay quien esconde pecados mortales por diez, veinte, treinta años. “Siempre están atormentados; siempre está presente su pecado en su mente; siempre tienen el pensamiento de decirlo, y nunca lo hacen… ¡es un infierno!

Cuando hacéis una buena confesión, habéis encadenado al demonio. Los pecados que escondemos reaparecerán todos. Para esconderlos bien, hay que confesarlos bien”. Y añadía: “Hay que dedicar más tiempo a pedir la contrición que a examinar los pecados”.

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