Rosario de las Lagrimas de la Sma. Virgen de Fatima

miércoles, 26 de junio de 2013

Del modo de orar, aplicando los sentidos interiores del alma



Mensaje de la Siempre Virgen María de Guadalupe para el Mundo a través de la Vidente y Profeta María de la Cruz en el Cenáculo de oración por la Salvación de las almas “La Sagrada Familia”

15 DE ENERO DE 2013
10:04 HRS.




Dice Santa María Virgen:

He de deciros hoy, pequeña Mía:


Te hablaré del modo de orar, aplicando los sentidos interiores del alma a la contemplación de los misterios que habéis de meditar.

El modo de orar por la aplicación de los sentidos sobre los misterios de la fe, este es un modo más de contemplación que de meditación; porque la meditación discurre de una cosa en otra buscando las verdades escondidas; pero la contemplación es una vista sencilla de la verdad, sin verdad de discursos , con grandes afectos de admiración y amor; porque después de haber meditado los misterios de vuestro Señor Jesucristo, es bien dar otra vez vuelta sobre cada uno con este modo de contemplación afectuosa, que llamamos aplicación de sentidos, porque así como los sentidos exteriores brevísimamente, sin rodeos de discursos, perciben sus objetos y se deleitan y saborean en ellos, así en esta contemplación los sentidos interiores del alma, que son sus mismas patencias interiores con la verdad de sus actos , sin nuevos discursos, presuponiendo los que se han hecho en otros tiempos, perciben estas verdades y sacan de ellas afectos maravillosos de devoción, previniéndoles vuestro Señor Jesucristo con su especial gracia, sin lo cual no pueden acertar a entrar en tal modo de contemplación.


Ahora os digo María de la Cruz:

La vista interior del alma.- 

 Esta es la imaginativa, la intelectual, las personas que están en aquel portal de Belén o en el Templo de Jerusalén y lo que hacen, con las circunstancias que son objeto de la vista, sacando de ellas afectos de admiración y amor, de gozo o compasión e imitación. Y si de ellos procedieron algunas nuevas ponderaciones y meditaciones, como suele vuestro Señor comunicar en estos casos, he de admitirlas deteniéndote en ellas el tiempo que durare la luz que se te dio.

Practicad esto: 

Mirando a Dios Hombre Aposentado en un establo con las bestias, encogeré Mis hombros con admiración y pasmo de tan profunda humildad como resplandece en un Señor de tanta Majestad. Mirándole hecho Niño tierno para hacerse más amable, porque los niños son amables, Me desharé en ese amor de Niño tan Precioso y Hermoso, Regalándome con Él como Mi Padre Conmigo, porque es mayorazgo de Mi Padre Celestial, y tan Mío, que hace para Mí y para bien Mío. Mirando el corazón del Niño ardiendo de amor y en deseo de Mi misma salvación.

Entonces piensen que si brotan sus lágrimas de sus ojitos  por el dolor de sus pecados y si se ofrecieren al Padre Eterno, creedme juntaré Mi Corazón con el vuestro, para que les pegue aquel amor y aquel dolor, trabajando los coloquios con Él para que te junte Consigo. Asimismo, mirando sus virtudes, su pobreza, humildad, mansedumbre y paciencia, habréis de cogerlas para vosotros mismos, como quien coge un ramillete de mirra para traerle delante de su pecho y entrañarle en su corazón, diciendo con gran ternura: 

“RAMILLETE DE MIRRA SERA MI AMADO PARA MI” (Cant., 1, 12); 

delante de mis ojos la traeré para nunca perderle de vista, ni echarle en olvido.


Oír con los oídos del alma. 

- Atended a oír las palabras interiores e inspiraciones con las que Dios te hablare al corazón. En lo cual se ha de advertir, no sólo para este punto, sino para cualquier otro modo de oración mental o vocal, que de algún modo delante de Dios y mirando estos misterios, es bien un breve rato parar con reverencia, como quien espera oír lo que le dicen, o recibir la limosna que suelen darle, poniéndose, como decía la Cananea, al modo que está un cachorrillo junto a la mesa, enclavados los ojos en los que comen en ella, esperando, que le compartan un pedacito de pan para comer (Mt., 15, 27).O, como dice David, al modo que el buen esclavo tiene puestos los ojos en las manos de su Señor (Ps. 122, 2), esperando ver lo que le manda, como lo hacía el Profeta Habacuc (2, 1) cuando dijo:

 “Pondremos sobre mi atalaya con firmeza y allí contemplaré para ver lo que se me dice y lo que responderé al que me arguyere”, 

Que quiere decir:

 Puesto en mi contemplación, escucharé lo que Dios me inspira y me habla dentro de mi corazón; o reprendiéndome y corrigiéndome de lo malo que tengo o consolándome y exhortándome al bien que debo hace, o dándome alguna respuesta interior a lo que deseo, al modo que el Espíritu Santo la dio en la oración, al Santo Simeón. Y habiendo estado un rato en este silencio, si no sintiere inspiración del Señor no tengo de estar ocioso, sino provocarle a que me hable, hablándole yo y diciendo como Samuel (1 Sam., 3, 10).

 “HABLA, SEÑOR, QUE TU SIERVO OYE”;

 o como Él dijo a la Esposa (Cant., 2, 14): 

“SUENE TU VOZ EN MIS OIDOS, PORQUE TU VOZ ES MUY DULCE PARA MI”.

También de este modo, escuchando con el oído del alma Jesús oye las palabras que habla con Su Eterno Padre, y los amorosos coloquios que tiene Él sobre todo por la salvación. 

Alegraos vosotros mismos de no oír en vida sus gemidos, porque si oyesen los gemidos exteriores que da, aprenderían a gemir por sus pecados, si oyesen lo que Mi Hijo les dice, si lo oyeran en cada lugar donde están, escucharían como reprende tan amorosamente a su soberbia, a su vanidad y curiosidad en el vestido, cómo te exhortaría a que te hicieras niño y te presentara y ofreciera al servicio de Su Padre Eterno. Todas estas palabras tengo que decírselos para que oigan, recíbanlas con agrado, porque he de Suplicarle al Padre que se las inspire dentro de su espíritu con determinación de cumplirlas. 

Asimismo Pequeños niños de Mi Corazón, procuren oír como lo que el Espíritu Santo dijo a Simeón, y el mismo Simeón cuando vio su deseo cumplido, así deberíais de aprender a oír al Espíritu de Dios, y saber escucharle y como lo hice Yo creyendo en Dios.

Oler con el olfato del alma.

 El olor suavísimo y la fragancia Celestial que sale de Mi Niño Jesús y de Sus Virtudes, mirando cuán bien huelen a Dios, a los Ángeles y a los justos y de cuánta Honra y Gloria son para Dios vuestro Señor, y de cuánta edificación para la Iglesia. Y con este olor han de tener para confortarse y alentarse para imitarlas.

¿Queréis sentir más esto?, ponderaré cómo el olor suavísimo que salía de las obras y virtudes de Mi Hijito Jesús recrea al Padre Eterno, el cual diría como Isaac dijo a su hijo Jacob. 

“EL OLOR DE MI HIJO ES COMO DE UN CAMPO LLENO DE FLORES, A QUIEN BENDIJO EL SEÑOR” (Gen. 27, 27). 

Ponderaré cuánto recrea este dolor a las almas justas que le huelen, como aquellas que decía 

“CORREREMOS ENPOS DE TI AL OLOR DE TUS UNGUENTOS” (Cant., 1, 3),

 porque la pobreza de vuestro Señor Jesucristo, su humildad y mansedumbre echan de si una fragancia que arrebata el corazón y le llevan tras si para juntarle con Él.

Tomad pues este consejo Mis niños: 

De aquí podréis contemplar cuán bien huele a Dios y a los hombres la obediencia, la modestia, la humildad, la paciencia y la caridad, en cualquier persona que las tenga con excelencia, y cuánto edifica a la Iglesia y a los prójimos; por lo cual dice San Pablo (2 Cor., 2, 15) de los justos, que son buen olor de Jesucristo. Y al contrario, cuán mal huele a Dios y a los hombres la soberbia y desobediencia, la inmodestia y cualquier otro vicio; ponderando cuán lejos estaba este mal olor de aquel Santo lugar donde estábamos Mi Hijo Jesús y Yo, y cuán lejos debe de estar de vuestra alma, para no darle disgusto a quien tanto le deben.

El gusto del alma

 Con el gusto interior, es gustar la suavidad y dulzura de aquel Niño Benditísimo y de Sus Virtudes y cuán dulces eran para Dios y para Él mismo, y cuán lo son para todos los que las ejercitan a su imitación, aplicándome a probar lo que dice David (Ps., 33, 9):

 “GUSTAD Y VED CUÁN SUAVE ES EL SEÑOR”;

 ¡Oh, qué gusto sentirá el Padre Eterno en mirar las Virtudes de Su Hijo, y qué gusto tenía El Hijo en darle contento en todo!
¡Oh, qué dulzura sentía este Niño Benditísimo en verse pobre, despreciando y recostado en un pesebre de animales! 

¡Cuán dulces y suaves le eran las lágrimas que derramaba!

 ¡Y cuán sabroso le era cumplir en todo la voluntad de Su Padre, mucho más sin comparación que la leche que mamaba a los pechos de Su Madre! 

Y a su imitación procuraras sentir altamente de esta dulzura y de la suavidad que pone Dios en los desprecios y trabajos, en la pobreza y lágrimas, endulzoradas con el ejemplo de este Niño Benditísimo. Si con este afecto despertarais en tú alma una gran hambre de gustar estas cosas y de percibir los gustos del espíritu, para que seme haga desabrida la dulzura de la carne. Si con este afecto  mirareis la dulzura que sintió el Santo Simeón con la precia del Niño Jesús, la cual fue tan grande, que le puso fastidio de ver y gustar cosa de esta vida, y le endulzoró la misma muerte.

Ahora puedo ponderar esto:

 Cuánta amargura está escondida en el vicio y en el alma que sigue su propia voluntad y se rinde a sus pasiones, y haciendo reflexión sobre lo que pasa por vosotros cuando pecan, 

¿Gustarás de esta amargura que en ti sientes y luego la abominarás y escupirás, con deseo de nunca más probarla?, 

acordaos todos de lo que dijo Jeremías (2, 19): 

“TU MALICIA TE ARGUIRA Y TU CULPA TE SORPRENDERA ;

 POR TANTO, APRENDE Y VE CUÁN AMARGO ES HABER DEJADO A TU SEÑOR DIOS”

El tacto del alma

 Con el tacto interior tocar espiritualmente las vestiduras de aquel Niño, el hecho de aquel pesebre, la tierra de aquel portal, besándolo y abrazándolo con Mi corazón, engendrando en Mi un inmenso amor.

Entonces díganse a ustedes mismos: 

Como si te hallases presente a todo, tengo de llegarme al Niño y pedirle licencia para tocarle los pies, besárselos y abrazarme con ellos, llorando allí mis pecados y pidiéndole como la Magdalena, perdón de ellos. Luego con más confianza le pediré licencia para tocarle las manos y besárselas y regalarme con ellas, suplicándole me dé su bendición; o como dijo en Santo Simeón, le tomaré en mis brazos y le abrazaré con grande amor, pidiéndole que me abrace consigo, sin dejarme apartar de Si. Y si hubiere llegado a la perfección de la Esposa, que decía (Cant., 1, 1):

 “BESEME CON EL BESO DE SU BOCA)”,

 podré aspirar al deseo de tocar aquel Divino Rostro y unirme con Su Divinidad con unión de perfecto amor, gozándome con solo verle y amarle. 

 ¡Oh que dulzura y suavidad se siente con este tocamiento espiritual, con el cual, como dijo la misma  Esposa (Cant., 5, 4), se conmueven y enternecen todas las entrañas, deseando meter dentro de ellas a su amado”.

¡Ha!, pero también he de tocar la dureza de la cama del Niño, el rigor del frío que padecía, la estrechura de aquellas mantillas en que estaba envuelto y fajado, y aplicarme a desear que mi tacto toque siempre cosas duras y ásperas por este Señor, huyendo de  las blandas y regaladas, que Él tanto aborreció.

Ahora os dejo esta meditación: 

He de concluir con este coloquio a vuestro Señor Jesucristo, suplicadle purifique y aclare los sentidos de vuestra alma para que vosotros lo sientan y amen como Él lo quiere, deseando reformar y renovar vuestros sentidos, como dice San Pablo (Rom., 12, 2)

 “PARA PROBAR Y APROBAR CON LA OBRA LA VOLUNTAD DE DIOS, BUENA, AGRADABLE Y PERFECTA, PARA GLORIA SUYA POR TODOS LOS SIGLOS”. AMEN.


Yo los bendigo:

+ En el Santo Nombre de Dios Padre Yahvé.
+ En el Santo Nombre de Mi Hijo Jesucristo.
+ En el Santo Nombre del Espíritu Santo Paráclito.
+ Y en Mi Nombre, María de Guadalupe.
Amén, Amén, Amén.



AL INCLUIR LOS MENSAJES EN SU WEB PORFAVOR CITAR:

 WWW.EJERCITOMARIANO.COM

LAS 5 PIEDRAS DE MEDGUJORGE (1º Piedra)

ORACIÓN DE CONVERSIÓN

PROMESAS DEL ROSARIO DE LA PRECIOSISIMA SANGRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

TESTIMONIO DEL INFIERNO - JOVEN COREANA

FECHAS SUGERIDAS PARA LA CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

FECHAS SUGERIDAS PARA LA CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA
Click en la Imagen para descargar la consagración

PASOS PARA UNA BUENA CONFESIÓN:

Yo me confieso , ¿ Y tú?

Yo me confieso , ¿ Y tú?
Para recibir la Sagrada Eucaristía hacen falta tres condiciones: 1) estar en gracia de Dios; 2) saber a quién se va a recibir, acercándose a comulgar con devoción; 3) y guardar una hora de ayuno antes de comulgar.

ESTE TESTIMONIO QUIERE SALVAR TU ALMA

Confesarse:

Decía el Santo Cura de Ars:

Hay quien esconde pecados mortales por diez, veinte, treinta años. “Siempre están atormentados; siempre está presente su pecado en su mente; siempre tienen el pensamiento de decirlo, y nunca lo hacen… ¡es un infierno!

Cuando hacéis una buena confesión, habéis encadenado al demonio. Los pecados que escondemos reaparecerán todos. Para esconderlos bien, hay que confesarlos bien”. Y añadía: “Hay que dedicar más tiempo a pedir la contrición que a examinar los pecados”.

ARMADURA ESPIRITUAL COMPLETA (Click en la Imagen)

ARMADURA ESPIRITUAL COMPLETA (Click en la Imagen)
Click en la Imagen para descargar

EL GRAN AVISO (Click en la imagen para descargar)

También te pueden interesar: