domingo, 16 de junio de 2013

Que su santa vocación encuentre entrada en vosotros

21 DE AGOSTO DE 2012
11:58 HRS.

Mensaje de la Siempre Virgen María de Guadalupe para el Mundo a través de la Vidente y profeta del Final de los Tiempos María de la Cruz.






Buenos días niña Mía:



Como vuestro Señor Jesucristo nunca cesa de llamar a los hombres para que le sigan, pondré en esta meditación la disposición más conveniente que deben procurar para que su santa vocación encuentre entrada en vosotros y por ella alcancen la vida eterna.  

Hay algo muy importante que declaró Mi Hijo Jesús en aquella memorable sentencia dicha por San Lucas 14, 33… 

“Cualquiera de vosotros que no renuncie a las cosas que posee, no puede ser Mi Discípulo”.

 En las cuales palabras no manda a todos que renuncien a todas las cosas, dejándolas con efecto, sino con el corazón, esto es: quitando las aficiones desordenadas de ellas y estando aparejados a dejarlas cuando fueren impedimento de su salvación o cuando el mismo Señor, con especial vocación, les inspire que las dejen, por serles medio mucho más conveniente y seguro para que se salven. Y debajo de todas las cosas, se comprende haciendo: Honra, Dignidad  y Oficio preminente, con sus Padres, Hermanos, Hijos, Amigos y Conocidos y cualesquier persona o cosas de la tierra cuyo amor desordenado puede impediros seguir a Mi Hijo Jesús y ser sus Discípulos.  

Después de este consejo, les presento tres suertes de hombres que deseen el fin de su salvación y quisieren disponerse para alcanzarle, siguiendo a vuestro Señor Jesucristo, para que vean cuál de ellos acierta y con cuál se han de conformar: 



La primer suerte es de aquellos que desean alcanzar el fin de su salvación sin aplicar medios para ello, por la grande dificultad que sienten en ellos; querrían seguir a Cristo vuestro Señor; pero no renunciar a todas las cosas y si desean renunciarlas y quitar sus aficiones desordenadas, no toman medios eficaces para quitarlas; como el enfermo que desea sanar, mas no querría sangrías, ni purgas, ni otras medicinas necesarias para su salud, por el dolor y amargura que siente en tomarlas. Estos tienen disposición totalmente contraria a la divina vocación y al mandato de renunciar a todas las cosas y nunca alcanzarán salud espiritual ni la vida eterna, porque ésta no se alcanza, con puros deseos si faltan obras buenas, y aunque parece que quieren salvarse y sanar, pero de verdad no quieren. Y por eso dijo el Espíritu Santo (Prov. 13, 14), “El perezoso quiere y no quiere”. Quiere el fin, pero no quiere los medios; quiere ir donde está Cristo, pero no quiere ir tras de Cristo; quiere la virtud en cuanto buena y no la quiere en cuanto dificultosa, y así la deja. También hagan reflexión de sí mismos, para ver si tienen este mismo engaño en la pretensión de algunas virtudes; porque algunas veces digo que deseo alcanzar la humildad y vencer la soberbia, pero no quieren humillarse ni que les humillen; y dicen que desean tener paciencia y vencer la ira, pero no queréis sufrir pues así quedarían siempre soberbios e impacientes.


Porque la mortificación de las pasiones es el medio muy necesario para vencer los vicios y los ejercicios de las virtudes son necesarios para ganarlas. 



La segunda suerte es de otros hombres que desean el fin de su salvación y aplicar medios para alcanzarle, pero medios trazados por su propio juicio y voluntad y no por la de Dios. Quieren seguir a vuestro Señor Jesucristo y renunciar la afición desordenada de sus cosas, pero se aferran en que ha de ser con condición de quedarse con ellas; y aunque les sean ocasión de pecar y aunque Dios les llame interiormente, para que las dejen, no quieren y se entristecen como el otro mancebo rico a quien dijo Cristo vuestro Señor (Mt., 19, 21) 
“Si quieres ser perfecto, vende cuanto tienes”,
 Estos son como los enfermos que quieren sanar y aplicar medicinas, pero no las que el médico escogiere, sino las que ustedes señalaren conformes a su gusto, queriendo torcer la voluntad del médico para que las apruebe. Los que sean así quieren traer la voluntad de Dios a la suya y no llevar la suya a la voluntad de Dios; y por consiguiente tienen disposición repugnante a la divina vocación de renunciar a todas las cosas y con riesgo de condenarse, porque quizá vuestro Señor sabe que su cura está en dejar las cosas que poseen, para quitar las aficiones desordenadas y muchos pecados que proceden de ellas. Y, generalmente, deben creer que el remedio de sus enfermedades espirituales no está en los medios que ustedes escojan con sus juicios ciegos, sino en los que ordenare Dios, que es el Médico de su alma.  


Daré un ejemplo: Naamán, con su lepra, aunque deseaba mucho sanar de la lepra, no quería aplicar el medio que le señaló el Profeta Eliseo, que era bañarse siete veces en el río Jordán, sino el medio más fácil que inventó su propio juicio, que era tocándole el Profeta con su mano, pero por supuesto que no sanó de ese modo ni por ese medio que él mismo escogía, sino por otro que más le convenía. 

Hago también la siguiente reflexión, sobre ustedes mismos en otras cosas particulares de su vida, para ver si tienen este engaño: 

Porque si se confiesan es yerro no querer seguir los medios de su cura que el Confesor prudente señala, sino los que a ustedes se les antojan. Y si eres religioso, es gran engaño pretender la perfección de tu estado por los medios que ustedes escojan por su propio juicio, queriendo traer la voluntad de los Prelados a que quieran lo que ustedes quieren y no inclinar la de ustedes a aceptar lo que ellos quieren; y así les dirá Jesucristo vuestro Señor, lo que le dijo a San Pedro (Mt., 16, 33), en otro caso semejante:  


“Adversario, vente tras de Mí, porque no tengo de hacer Yo, lo que tú quieras, sino tú lo que Yo quiero. No ha de seguir el Maestro al Discípulo, sino el discípulo al Maestro, ni el súbdito ha de gobernar al Superior, sino el Superior al súbdito.”  



La tercera suerte es de aquí que la suerte de hombre la más dichosa, es de aquellos que desean alcanzar el fin de su salvación y la victoria de sus aficiones desordenadas y las perfecciones de las virtudes por los medios que Dios quiere, resignándose totalmente en su voluntad, estando aparejados para retener o dejar todas las cosas que poseen, con igualdad de ánimo, según que fuere más conveniente para Honra y Gloria de Dios vuestro Señor, y la salvación de sus almas, como los enfermos que desean sanar y se arrojan en las manos del Médico con determinación de tomar los remedios que Él juzgare ser más convenientes para su salud, sin inclinarse de su parte a uno que a otro.  

Estos Hijos Míos, tienen admirable disposición para oír la divina vocación y recibir sus ilustraciones e inspiraciones, confiando siempre en la providencia de vuestro Padre Yavé, vuestro único Dios verdadero, el cual, como dijo el Profeta Isaías (48, 17), 

“Nos enseña las cosas provechosas y convenientes y nos gobierna en este camino del Cielo por sí mismo y por medio de sus Ministros; y los que se dejan Gobernar de Él, aceptando todos los medios que inspira y manda, alcanzarán un río de paz y un mar de santidad y llegarán con seguridad al puerto de su salvación y perfección; porque la Divina Providencia llama a cada uno para el estado y modo de vida que más les conviene. 

Hay Hijitos Míos que quieren pasar más adelante, y se desviven por imitar más perfectamente a vuestro Señor Jesucristo, se inclinan y desean, cuanto es de su parte, ser:

  Pobres, despreciados y afligidos como Él lo fue, antes que ser: Ricos, Honrados y consolados como otros justos lo han sido; aunque conservan siempre la indiferencia para tomar o dejar todo esto, según lo quisiere Dios; pero no a todos Vuestro Padre Santísimo concede esta gracia de llamarlos para que le sigan con actual pobreza voluntaria en vida religiosa o para que padezcan injurias y trabajos por su amor (Phil., 1, 39). Esta disposición se debería procurar con todas sus fuerzas a imitación del Apóstol (Gal., 6, 14), que dice:

 Guárdame Dios de gloriarme en otra cosa que en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está Crucificando para Mí y Yo para el mundo, porque Yo aborrezco y desprecio al mundo y el mundo también, con efecto, me aborrece y desprecia, tratándome como a un Crucificado, que de todos es tenido por infame y desdichado”.  



El que guste pequeño Mío, seguir la vocación de Mi Hijo Jesús, renuncie a toda esa vida desordenada, al pecado, a las cosas vanas y superfluas, para llegar a ser un verdadero Discípulo de Jesucristo.



Y Yo les bendigo, en el Nombre del Padre

De Mi Hijo Jesucristo,

A través del Espíritu Santo, Paráclito

Y de Su Madre María de Guadalupe,

Amén, Amén, Amén.





Gracias Madre Santísimas por tan sustanciosas palabras.



Alabado sea el Padre Yavé,

Alabado sea Jesucristo,

Alabado sea el Santo Espíritu de Dios,

Bendita y Venerada seas Madre Santísima.





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Para recibir la Sagrada Eucaristía hacen falta tres condiciones: 1) estar en gracia de Dios; 2) saber a quién se va a recibir, acercándose a comulgar con devoción; 3) y guardar una hora de ayuno antes de comulgar.

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Confesarse:

Decía el Santo Cura de Ars:

Hay quien esconde pecados mortales por diez, veinte, treinta años. “Siempre están atormentados; siempre está presente su pecado en su mente; siempre tienen el pensamiento de decirlo, y nunca lo hacen… ¡es un infierno!

Cuando hacéis una buena confesión, habéis encadenado al demonio. Los pecados que escondemos reaparecerán todos. Para esconderlos bien, hay que confesarlos bien”. Y añadía: “Hay que dedicar más tiempo a pedir la contrición que a examinar los pecados”.

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