Rosario de las Lagrimas de la Sma. Virgen de Fatima

sábado, 3 de agosto de 2013

Consagraciones



CONSAGRAOS VOSOTROS Y VUESTROS HOGARES A MI CORAZÓN INMACULADO.


Consagraos a mi Corazón Inmaculado, para que estéis protegidos vosotros y vuestras familias y ninguna fuerza del mal pueda haceros daño. Sed discípulos de mi amor y del amor de mi Hijo; sed muy prudentes en estos tiempos, pues el lobo anda suelto buscando a quien devorar; pedid mi santa protección a todo instante, decid:










Oh, Corazón Inmaculado de María, sed mi refugio y amparo de noche y de día; escóndeme en tu regazo Madre mía, líbrame a mí, a mi familia y libra a la humanidad de las acechanzas del maligno y sus agentes del mal. No nos desampares ni un solo instante, pues somos tan débiles Madre mía, y el maligno nos acecha. Cúbrenos con tu santo manto y bendícenos en todos nuestros caminos, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.



Consagradme vuestros hogares y vuestros hijos; vuestros bienes materiales y espirituales, y todo estará bajo el amparo de esta Madre que os ama y protege de todo mal.

 Haced esta oración de consagración: 

Oh Corazón Inmaculado de mi Madre María, a vos mi amada Madre, os consagro mi cuerpo, mi alma y mi espíritu; os consagro mi familia, mis bienes materiales y espirituales y todo cuanto Dios ha puesto a nuestro cuidado. Madre mía, toma posesión de nosotros y nuestras familias, que tu Inmaculado Corazón, nos cubra y proteja de todo mal; que tu Inmaculado Corazón, proteja nuestros hogares de todo desastre y calamidad; y en estos tiempos de purificación guíanos por el camino del bien, para que junto contigo podamos alcanzar la gracia y la misericordia del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Bendición de María: Protégenos
Bendición de María: Cúbrenos
Bendición de María: Ampáranos
Bendición de María: Guíanos a las puertas de la Jerusalén Eterna. Amén.

Hijitos míos: Yo soy vuestra Madre que no se cansa de amaros y de interceder por vosotros; mi deseo es llevaros al Reino de Dios; mi deseo es que estéis conmigo y mi Hijo, en la gloria eterna. Rezad mi Santo Rosario y os prometo que os llevaré al cielo. Vuestra Madre: María Santificadora.




CONSAGRACIÓN A LA SANGRE PRECIOSA DE JESUCRISTO



Consciente de mi nada y de Tu Sublimidad, Misericordioso Salvador, me postro a Tus pies, y Te agradezco por la Gracia que has mostrado hacia mí, ingrata creatura. 


Te agradezco especialmente por liberarme, mediante Tu Sangre Preciosa, del poder destructor de Satanás. 

En presencia de mi querida Madre María, mi Ángel Custodio, mi Santo patrono, y de toda la corte celestial, me consagro voluntariamente, con corazón sincero, oh queridísimo Jesús, a Tu Preciosa Sangre, por la cual has redimido al mundo del pecado, de la muerte y del infierno. 


Te prometo, con la ayuda de Tu gracia y con mi mayor empeño, promover y propagar la devoción a Tu Sangre Preciosa, precio de nuestra redención, a fin de que Tu Sangre adorable sea honrada y glorificada por todos. 


De esta manera, deseo reparar por mi deslealtad hacia Tu Preciosa Sangre de Amor, y compensarte por las muchas profanaciones que los hombres cometen en contra del Precioso Precio de su salvación. 

¡Oh, si mis propios pecados, mi frialdad, y todos los actos irrespetuosos que he cometido contra Ti, oh Santa y Preciosa Sangre, pudieran ser borrados! 


He aquí, querido Jesús, que te ofrezco el amor, el honor y la adoración que tu Santísima Madre, tus fieles discípulos y todos los Santos han ofrecido a Tu Preciosa Sangre. Te pido que olvides mi falta de fe y frialdad del pasado, y que perdones a todos los que te ofenden. 


¡Oh Divino Salvador! rocíame a mí y a todos los hombres con Tu Preciosa Sangre, a fin de que te amemos, ¡oh Amor Crucificado, de ahora en adelante con todo nuestro corazón, y que dignamente honremos el Precio de nuestra salvación! Amén



OFRECIMIENTO DE VIDA



“Mi amable Jesús, delante de las personas de la Santísima Trinidad, delante de Nuestra Madre del Cielo, y toda la Corte celestial, ofrezco, según las instrucciones de tu Corazón Eucarístico y las del Inmaculado Corazón de María Santísima, toda mi vida, todas mis santas Misas, Comuniones, buenas obras, sacrificios y sufrimientos, uniéndolos a los méritos de tu Santísima Sangre y tu muerte de cruz: para adorar a la Gloriosa Santísima Trinidad, para ofrecerle reparación por nuestras ofensas, por la unión de nuestra santa Madre Iglesia, por nuestros sacerdotes, por las buenas vocaciones sacerdotales y por todas las almas hasta el fin del mundo.


Recibe, Jesús mío, mi ofrecimiento de vida y concédeme gracia para perseverar en el fielmente hasta el fin de mi vida. Amen.”



CONSAGRACIÓN A JESÚS MISERICORDIOSO 



¡Oh, Jesús Misericordioso!. Tu Bondad es infinita y los tesoros de Tu Gracia son inagotables. Me abandono a Tu Misericordia que sobrepuja todas Tus obras. Me consagro enteramente a Ti para vivir bajo los rayos de Tu Gracia y de Tu amor que brotaron de Tu Corazón traspasado en la Cruz.

Quiero dar a conocer Tu Misericordia, por medio de las obras de misericordia corporales y espirituales, especialmente con los pecadores, consolando y asistiendo a los pobres afligidos y enfermos. Más, Tú me protegerás como cosa tuya, pues todo lo temo de mi debilidad y todo lo espero de Tu Misericordia.


Que toda la humanidad comprenda el abismo insondable de Tu Misericordia, a fin de que poniendo toda su esperanza en ella pueda ensalzarla por toda la Eternidad. 

Amén.






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LAS 5 PIEDRAS DE MEDGUJORGE (1º Piedra)

ORACIÓN DE CONVERSIÓN

PROMESAS DEL ROSARIO DE LA PRECIOSISIMA SANGRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

TESTIMONIO DEL INFIERNO - JOVEN COREANA

FECHAS SUGERIDAS PARA LA CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

FECHAS SUGERIDAS PARA LA CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA
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PASOS PARA UNA BUENA CONFESIÓN:

Yo me confieso , ¿ Y tú?

Yo me confieso , ¿ Y tú?
Para recibir la Sagrada Eucaristía hacen falta tres condiciones: 1) estar en gracia de Dios; 2) saber a quién se va a recibir, acercándose a comulgar con devoción; 3) y guardar una hora de ayuno antes de comulgar.

ESTE TESTIMONIO QUIERE SALVAR TU ALMA

Confesarse:

Decía el Santo Cura de Ars:

Hay quien esconde pecados mortales por diez, veinte, treinta años. “Siempre están atormentados; siempre está presente su pecado en su mente; siempre tienen el pensamiento de decirlo, y nunca lo hacen… ¡es un infierno!

Cuando hacéis una buena confesión, habéis encadenado al demonio. Los pecados que escondemos reaparecerán todos. Para esconderlos bien, hay que confesarlos bien”. Y añadía: “Hay que dedicar más tiempo a pedir la contrición que a examinar los pecados”.

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