domingo, 4 de octubre de 2015

Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María: La Primera Hora Santa

Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María: La Primera Hora Santa

by Fátima Maldonado
Tomado del Libro: Diario Espiritual Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María (1961-1981) (Con Aprobación Eclesiástica)
De: Isabel Kindelmann – Budapest, Hungría
Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María
Diario Espiritual Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María (1961-1981)
LA PRIMERA HORA SANTA, ESFUÉRZATE PARA QUE ESTEMOS MUCHOS
Como me encontraba sola en la amplia iglesia, me postré a los pies del Señor como no lo había hecho nunca antes y le pregunté: ¿No estamos más que los dos?
Jesucristo.-
“Lamentablemente.”
Escuché Su Voz triste en el fondo de mi alma.
Jesucristo.-
“Esfuérzate para que estemos muchos.”
No hay palabras para expresar la gratitud y el dolor del corazón que brotó de mi alma hacia el Señor.
¡Oh, mi dulce Salvador! Nadie sabe mejor que Tú cuánto he andado a tientas hasta llegar, por tu Gracia, a Ti. Señor mío, ahora que has quitado la corteza externa de mi alma, siento que la abundancia de Tu Gracia me inunda.
¡Oh, Jesús Mío!, ve quitando las grandes faltas de mi alma a golpe de cincel, no me importa que me duela, para que el día que tenga que presentarme delante de Ti en la hora de mi muerte, puedas reconocer en mí la obra de Tus Santas Manos.
Mi amable Jesús, quiero arrepentirme tanto de mis pecados como no lo hizo jamás ningún pecador arrepentido y amarte a Ti como no Te amó jamás ningún pecador convertido.
Mi amable Jesús, Te ruego con profunda humildad que en adelante no pase ni un solo día de mi vida sin que la gratitud y el amor, que sienta por Ti, hagan brotar de mis ojos lágrimas de arrepentimiento. Humíllame, mi Señor Jesús, en todos los momentos de mi vida, para que yo sienta sin cesar lo pobre y miserable que soy.
Oh, mi Señor Jesús, mi corazón se estremece al pensar que ya ahora, aquí en la Tierra, puedo vivir Contigo, pero después de mi muerte, por algún tiempo tendré que separarme de Ti a causa de mis pecados. Dime, mi amable Jesús, ¿qué será de mis innumerables pecados?
Una angustia inimaginable vino sobre mí y, ¡cómo le suplicaba al Señor! Él entonces me hizo sentir que mis pecados se perderían en su amor misericordioso.
Quién sabe hasta cuándo me hubiera quedado allí olvidada de mí misma y postrada a los pies del Señor, si la hermana sacristana no me hubiera avisado que a las siete y media se cierra la puerta. Entonces no tenía la llave. No podía separarme del Señor Jesús y le rogué que viniera conmigo. Me dirigí a mi casa por un camino más largo por las calles silenciosas. Sentí que el Señor venía conmigo. No nos hemos dirigido una palabra. Hubiera querido postrarme en el polvo de la calle, tanto sentía su presencia.
Desde que Él me dio una casa tan grande, le visitaba cada noche con el alma humilde y arrepentida, movida por la gratitud y conforme al deseo de la Santísima Virgen, le adoraba y le reparaba.
¡Qué alegría siento cuando voy a Él! Él está siempre en casa y me espera. No intento describir estas horas íntimas porque sería imposible hacerlo.
El año de 1961 pasó en medio de estas conversaciones que por entonces no puse por escrito. Sólo comencé a escribir cuando el Señor me lo ordenó. Cuando el amable Salvador lleva una breve conversación conmigo, la escribo palabra por palabra. Durante las Horas Santas ocurre con frecuencia que las ideas pasan directamente a la conciencia de mi yo y luego me siento incapaz de expresarlas. En una ocasión le agradecí a él haberme asegurado eterno refugio.
Jesucristo.-
“¡Asegúrame tú también, Mi pequeña carmelita, un refugio eterno! ¿Sientes, verdad, cuánto los dos nos pertenecemos? ¡Tu amor no descanse jamás!”
Una vez me pidió que hiciera los lunes oración nocturna por las almas sacerdotales que están en el Purgatorio.
Otro día estuve de visita en casa de unas personas conocidas mías, en donde tenían una capilla. Terminada mi visita, no entré allí para despedirme de Él. Con dulce acento me reprochó mis muchas indelicadezas para con Él. Le dije: “Perdóname, mi amable Jesús. ¿No te pedí que desbarataras los rasgos ásperos de mi alma?” Me contestó con voz apacible:
Jesucristo.-
“Hijita Mía, ¡Me tienes que amar día y noche!”
En cierta ocasión le pedí que me permitiera sentir su presencia llena de majestad y de bondad.
Jesucristo.-
“No pidas esto para ti misma, hijita Mía. Lo concedo a aquél por quien has hecho un sacrificio o por quiénes has ofrecido tus oraciones.”
Perdóname, ¡Jesús mío… ves, que egoísta soy!
Jesucristo.-
“Conozco tu imperfección y tu miseria, hija Mía. Pero esto no debe disminuir tu empeño en el futuro porque esto es un motivo más para que con mayor abandono cuentes con Mi amor.”
AYUDA A LA CONVERSIÓN DE LOS PECADORES
Entre el 4 y el 7 de marzo de 1962
No sé lo que pasó en el país. En esos días casi cada cinco minutos me urgía el Señor a que me pusiera de rodillas para ofrecerle reparación.
También en la primera semana de marzo ocurrió lo que voy a narrar.
Hacía mis labores de casa continuamente sumergida en Él y le rogaba me permitiera participar en la mayor medida posible en su obra Salvadora. Entonces el Señor en lo profundo de mi alma comenzó a hablarme:

Jesucristo.-
“¡Pide abundantes gracias! ¡Cuánto más pidas tanto más vas a recibir!

¡Pide para otros también! ¡No temas pedir demasiado!
¡Soy feliz cuando más puedo dar! ¡Sólo tus anhelos ya me hacen feliz! ¡Y qué diré si aceptas fielmente los sacrificios que te pediré para mi causa! Son muchos los que repetidamente Me piden que puedan participar en Mi obra, pero cuando tendrían que aceptar un sacrificio que Yo, con Mis Manos les ofrezco aceptar, se asustan de Mí...
¡No me dejes nunca sin tus sufrimientos y ayuda a la conversión de los pecadores! Si así haces, recibirás gran premio. Llegará el tiempo en que no sólo en lo profundo de tu alma oigas Mi Voz; la oirás sonora y alta y te bendecirá.
Hija Mía, mucho tienes que sufrir. No te daré ninguna consolación que te ate a la Tierra. Siempre derramaré sobre ti Mi gracia fortificante y estará contigo la fuerza del Espíritu Santo.
¡Tienes que quitar todo lo que en ti se inclina al mal y vivir en todo según Mi beneplácito! Yo te ayudo para que sigas el recto camino. ¡Sumérgete tan sólo en Mi enseñanza!”
A pesar de todo mi empeño, mi Señor, no noto ningún adelanto en mí.
Jesucristo.-
“¡Por eso, no te preocupes! ¡Comienza de nuevo cada día! Nuestra Madre te ayudará. ¡Pregúntale todo a Ella! Ella sabe cómo pueden agradarme.”
En ese tiempo el Señor Jesús me pidió muchas veces:
Jesucristo.-
“Hija Mía, ¡renuncia a ti misma!” Te pido esto con tanta insistencia porque sólo puedes participar en Mi obra redentora si totalmente, sin interrupción ninguna, vives unida a Mí en cada momento...
Ofrece esto a Mi Padre en todo tiempo, sin interrupción ninguna, también por aquellos que Me han consagrado su vida y, sin embargo, más viven para el mundo que para Mi obra redentora. No piensan en su vocación. Haz penitencia por tus pecados y al mismo tiempo por ellos también. ¡Cómo quisiera lavarle de sus pecados! ¡Ojalá vinieran a Mí! No te ahorres ninguna fatiga, hijita Mía.
¡No conozcas ningún límite! No te separes nunca ni por un instante de Mi obra salvadora, porque si lo hicieras, sentiría que tu amor hacia Mí se habría disminuido. ¡Cuánto ansío tu amor! ¡Ojalá sintieras siempre lo que Yo siento!....
El Señor me hizo tener contacto con una persona a quien hacía quince años no había visto y con quien, por lo demás, sólo me había encontrado tres veces en toda la vida. El Señor Jesús infundió en mí gran confianza hacia ella (porque soy de carácter muy reservado). Le hablé del estado de mi alma, y de cómo me encontraba en una gran oscuridad. Después de la conversación que tuvo lugar en la capilla, la Hermana (porque era religiosa) me dijo: “¡Puede ser autosugestión!”
Esto me impactó terriblemente. Me asaltaron pensamientos terribles y la falta de fe enturbiaba toda mi clarividencia. Me parecía que todo lo que pasaba conmigo era mera ilusión, o quizá el maligno, disfrazado de ángel de luz, quería perturbar la paz de mi alma que tanto costó conseguir.
TODO COMIENZO ES DIFÍCIL
En estas angustias pasé todo el día. Cuando de noche fui a adorar de nuevo al Señor, pensaba en medio de toda mi incertidumbre: ¡Dios mío!, ¿qué está pasando propiamente en mí? ¿A dónde me he dejado arrastrar? ¿Cuál es lo verdadero: lo que ahora hay en mí o lo que había antes?
Quién no ha sufrido nunca semejante tentación, difícilmente puede comprender lo que siente ante tal incertidumbre. Estuve largo tiempo en silencio y poco a poco se fue disipando esta terrible oscuridad. Comencé a sentir que el maligno ya no me confundía tanto, y mi alma comenzaba a sentir alivio.
Cuando al día siguiente me arrodillé para recibir al Señor en la Sagrada Comunión, ya había recobrado por completo la paz en mi alma. En casa también, sumergida en Él, hice mis labores... Mientras lavaba la ropa le adoraba sin cesar y pensaba dentro de mí: “¡Qué miserable soy! ¡Cómo es que soy tan impotente para ayudarle!” Al sumergirme así en sus pensamientos eternos, el Señor comenzó a hablar en el fondo de mi alma:
AYUNA A PAN Y AGUA POR DOCE SACERDOTES
Jesucristo.-
“Entrégate por completo a Mí, Mi hijita carmelita, sólo así puedes hacer sacrificios por Mí. Te pido algo grande. ¡Escúchame, no temas! Sé muy humilde y pequeña, sólo así serás apta para cumplir Mi encargo. Cada jueves y viernes ayuna a pan y agua, ofrécelo por las doce almas sacerdotales. En cada uno de estos días, pasa cuatro horas en Mi Divina Presencia y ofrece reparación por las muchas ofensas que he recibido. El viernes, desde el medio día hasta las tres de la tarde, adora Mi Sagrado Cuerpo y Mi Sangre Preciosa que derramé por los pecados del mundo entero. El ayuno del viernes guárdalo hasta la hora en que Mi Sagrado Cuerpo fue bajado de la Cruz. El aceptar este sacrificio atrae gracias extraordinarias.
¡Haz lo que te pido, hijita Mía!”
¡Me suplicaba tanto!
Jesucristo.-
“Comprométete a ello durante doce semanas por las doce almas sacerdotales que serán las más aptas para llevar a buen fin Mis planes. Yo las quiero hacer dignas con gracias especiales. ¡Hazlo, hijita Mía! Haciéndolo tú también serás la preferida de Mi Corazón. Conocerás quién será la persona que hará llegar Mi petición a las doce almas sacerdotales. Ellos tendrán que hacer lo mismo que Yo te pedí, a saber, reparación y sumergirse en Mi sagrada Pasión. Hijita Mía, esas doce almas sacerdotales son las mejores en el país.”
Me pidió que cumpliéramos durante doce semanas tanto yo como aquellos doce sacerdotes a quienes llegará su mensaje.
Jesucristo.-
“¡Te voy a dejar sufrir, hija Mía, en gran sequedad espiritual!
Diferentes tentaciones te van a atormentar, pero no temas, Mi Gracia estará sin cesar contigo.
Ten plena confianza en Mí. Ésta es la llave de Mi Corazón!
¡Deja tus dudas! El Espíritu Santo, a quien invocas tantas veces, tomará posesión de tu alma por medio de Nuestra Madre, Su Predilecta.
Sé que Conmigo, tienes sed de las almas. Se regocija tanto Mi Corazón cuando Me suplicas y Me dices que con sed insaciable tienes deseos de Mí. Yo también siento eso por ti y por todas las almas que he colmado con Mis gracias. ¡Ojalá sintieran la sed abrasadora de Mi Alma! Verdaderamente estoy mendigando su amor. Te ruego, hija Mía, por lo menos tú, ¡no Me abandones! A cada latido de tu corazón, arrepiéntete de tus pecados, ofréceme reparación y consuélame. Si tu amor viniera a menos, dirígete a Nuestra Madre Celestial, Ella llenará tu corazón con abundante amor hacía Mí. Te agradezco que tu corazón sienta Conmigo, que lata en Mí. No te canses nunca de contemplar Mis Santas Llagas, de donde sacarás siempre gran fuerza.
¡Ofrécete al Eterno Padre y vive con la Santísima Trinidad!
(No nos olvidemos que aunque estas palabras hayan sido pronunciadas en singular, se dirigen a todos)
En las tentaciones refúgiate bajo el manto de Nuestra Madre. Ella te defenderá del maligno que continuamente te molestará. Yo estaré contigo si perseveras junto a Mí. A ti nadie ni nada podrá ya arrancarte de Mí...
No te espantes, hijita Mía, tú sólo vive escondida en gran humildad. Nadie debe saber de ti, a excepción de unas pocas personas. Ganarás méritos con tu sufrimiento, ofrécelo en unión Conmigo al Eterno Padre por las almas a Mí consagradas. Tu humildad sea tan grande que irradie bondad y amor sobre todos con quienes trates.
Nosotros estaremos siempre juntos, hijita Mía. Pide siempre a Nuestra Madre que te guarde en oculta humildad. Aprende a hablar con cada uno de tus prójimos de tal forma que por tus palabras los conduzcas hasta Mí. ¡A Mí Me debes pedir, de Mí debes sacar amor!
Los sacrificios necesitas hacerlos sin desmayar porque son necesarios para alcanzar la meta. El Padre Eterno sabe con qué carácter te ha creado. Sabe que eres violenta, irritable, pero tienes que transformarte según Mi Corazón... En adelante sólo puedes usar de violencia contra el mal, pero, ¡no te desalientes! ¡Mira con confianza hacia arriba, hacia Mí, y pide abundantes gracias! En medio de tu familia, sé un sacrificio ardiente.
Especialmente los sacrificios pequeños, insignificantes, debes hacerlos, y ¡ven a Mí porque sufro abandonado! No te preocupes que sólo puedas hacer cosas pequeñas, no te va bien esto. Sigue siendo muy pequeña. Disuélvete en Mí como gota de agua en el vino.”
RENUNCIA YA A TI MISMA - INSISTENCIA DE JESÚS
8 de abril de 1962.
El Señor me pidió que las horas santas no las uniera con sus criaturas:
Jesucristo.-
“¡No te busques a ti misma! Ya he repetido muchas veces que Yo te quiero enteramente para Mí! ¡Renuncia a ti misma! ¡Nada se interpondrá entre tú y Yo!”
Le contesté: “Mi Señor Jesús, no soy más que una principiante.”
Jesucristo.-
“Por eso no debes desanimarte, hija Mía, una vez tenías que comenzar. Recuerda cómo, cuando eras joven, tu constante afán era estudiar, pero nunca tuviste oportunidad de hacerlo. Fui Yo quien no lo permití y puse en tu camino todos los obstáculos.
Yo te preferí así, totalmente ignorante porque ya entonces tenía Mis planes respecto a ti; quería hacerte madurar para Mí.”
Señor, ¡cuántas veces has dirigido a mí los rayos vivificadores de Tus gracias! Yo Te he esquivado, he andado por otros caminos.
Jesucristo.-
“¿Te acuerdas, no es cierto, como hace tan sólo unos meses querías matricularte en la escuela popular superior? Pero Yo Me opuse también a eso. Te he llamado para admitirte en Mi escuela. Ahora alégrate mucho y sé una alumna aprovechada. El Maestro Soy Yo.
Aprende de Mí. Yo no escatimo ninguna fatiga; Me dedicaré a ti desde la mañana hasta la noche.”
Sí, mi Señor, le contesté, lo malo es que yo tengo muy poco sentido de Ti.
Jesucristo.-
“Es cierto, hija Mía.”
Entonces me mostró una multitud de ocasiones en las que yo le había ofendido. Por ejemplo, cuando estuve en un lugar donde había una capilla, me despedía de todo el mundo menos de Él. Luego cuando hago la genuflexión, debo pensar también en Él con mucho amor...
Jesucristo.-
"Porque si no haces estas cosas... ¡Me duele tanto!"
Me dolí mucho de estas faltas y mis ojos se llenaron de lágrimas de arrepentimiento.
ACUDE A MI MADRE, ELLA TE AYUDARÁ
Jesucristo.-
“Te repito de nuevo, hijita Mía, necesitas cambiar para que seas como Yo te quiero. Te ayudo para que sigas el recto camino, pero tienes que asimilar bien Mi enseñanza y tienes que cumplir con todas tus fuerzas las tareas que te asigno. ¡Acude a Mi Madre, Ella te ayudará!”
Yo la quiero mucho, Señor. Fue Ella quien me invitó a adorar y reparar a Su Hijo Santísimo. Oh, ¡cómo me confundí en mi alma cuando oí Su Voz! Oh, ¡qué profundo arrepentimiento despertó en mí Su Voz ahogada en llanto!
Jesucristo.-
“Sí, hijita Mía, aquél fue el primer encuentro, el gran paso, cuando Mi Madre te encomendó a Mí de un modo especial. Desde entonces, hijita Mía, vuelas como una flecha hacia Mí. En tu vuelo no regreses a mirar la Tierra, no sea que el ruido del mundo te perturbe.
HACE TANTO TIEMPO QUE TE ESTABA ESPERANDO
Jesucristo.-
“Desde que te crié, estoy esperándote a ti y a todas las almas.”
Señor mío, ¡ya no me sueltes más!
Jesucristo.-
“Tú te soltaste de Mí; no fui Yo quien te solté”
Oh, Jesús mío, por eso he quedado tan infeliz y sin educación. Edúcame, Maestro mío.
Jesucristo.-
“¡Renuncia a tu voluntad, hija Mía. Te pido esto tantas veces porque sólo puedes participar en Mi obra redentora si totalmente y sin interrupción vives unida a Mí en cada momento.
Acuérdate, Mi pequeña hija carmelita, del tiempo en que quedaste viuda y tus hijos comenzaron a crecer. ¡Cómo les pedías que te ayudaran tan sólo una hora cada uno!...
¡Qué gran ayuda hubiera sido esto para ti! Y qué triste estabas cuando con toda clase de pretextos se excusaban... Tú, tenías que atarearte sola y abandonada.
Piensa en cuántos hijos tengo Yo también, hija Mía. ¡Si sólo una hora Me ayudara cada uno! ¡Qué delicias tendría Yo con ustedes! En estos momentos pienso especialmente en las almas a Mí consagradas, a quienes considero las escogidas de Mi Corazón. Y siendo así, ellas no quieren unirse íntimamente Conmigo.
Les divierten los pensamientos mundanos. ¡Sumérgete en Mí! ¡Ayuda en lugar de ellas no durante una hora, sino sin parar! No Me preguntes cómo tienes que obrar. ¡Sé ingeniosa! Aprovecha cada oportunidad para calmar Mi sed con tu deseo de salvación de almas.”
Señor mío, con sed insaciable te anhelo a Ti. Yo te quiero amar con todas mis fuerzas, en nombre de aquellos también que no se acercan a Ti. Durante esta conversación, he recibido gracias muy grandes de parte del Señor.
Dios mío, ¿qué has hecho conmigo? Ahora ya definitivamente no sé si soy yo quien vivo. Como si ya no pisara más la Tierra, no veo nada con mis ojos, mi oído no percibe la voz del mundo, mi corazón ya no late más que en Ti y por Ti, mis labios no atinan cómo alabarte. Quisiera bendecirte pero no encuentro palabra alguna que fuera digna de Ti. Te miro con ojos cerrados y con labios mudos. Contemplo Tu sufrimiento indecible que soportas por mí, miserable pecadora. Soy incapaz de comprender lo que hiciste por mí... ¿por qué precisamente yo? ¡Cuándo hay tantas almas puras y dignas de Ti!
Jesucristo.-
“De entre los más grandes pecadores escojo almas para Mí, hija Mía, para realizar por medio de ellas Mi obra redentora. A éstas, si aceptan, Yo les colmo de gracias especiales. A quien siente Conmigo y vive para Mí, con Mi amor sin límites le arranco del mundo como he hecho contigo. Sufro tan indeciblemente, Mi hijita carmelita, y qué bueno es sentir que estás Conmigo y unida a Mí, tú también sientes Mi Amor.”
Señor mío, mi voluntad es Tuya. ¡Obra Tú en mí!
EMPÉÑATE EN CONDUCIR A MÍ A LOS PECADORES
Jesucristo.-
“Empéñate, hija Mía, con todas tus fuerzas en conducir a Mí a los pecadores. Fuera de esto no dejes lugar para otro pensamiento. Mira sin cesar Mis Ojos para ver Mi tristeza por las almas.
Desea con todo el anhelo de tu alma que la mirada de las personas a Mí consagradas no Me esquive y no se distraigan en las cosas del mundo, sino sólo Me contemplen a Mí. Que acojan la mirada de Mis Ojos y se sumerjan en Mí. Si miran en Mis Ojos con corazón arrepentido, con el rayo de Mi gracia las haré mejores. Sumergiéndolas en el amor de Mi Corazón, las haré nacer de nuevo, con tal de que Me tengan plena confianza.
Irradio Mi Amor hacia ti, hija Mía, porque Me has dado un refugio y puedo descansar en tu alma. Siéntelo como un gran honor para ti, ya que por medio de ello, Me estás honrando a Mí. ¡No Me prives jamás de ello! Esto depende únicamente de ti. Yo he ido hasta el extremo en Mi Amor, sabes cuánto Me agrada oír cuando, postrada ante Mí, Me dices que quieres arrepentirte de tus pecados como ningún pecador se haya arrepentido jamás y quieres amarme más que todos los pecadores convertidos. Con estos anhelos tuyos, Mi hijita carmelita, te has introducido enteramente en Mi Corazón. Tus palabras sencillas han movido Mi Corazón misericordioso a infinita conmiseración. Ves, ¡para esto no hace falta haber realizado grandes estudios! ¡Qué felicidad ha procurado también a Mi Padre Celestial tu profundo y sincero arrepentimiento! Haz esto en cada momento de tu vida.
¡Haz todo de lo que de ti depende, hija Mía, con incansable tenacidad por salvar las almas! Sea ésta tu escuela. El Espíritu Santo va a trabajar contigo para corregir tu naturaleza inclinada al mal en favor de tu salvación. ¿Sabes, verdad, que Mi Reino sufre violencia? Tus constantes tropiezos no quebranten tu ánimo, esto te conservará en la humildad... Medita frecuentemente esto hasta que lo hayas hecho enteramente tuyo porque el día de hoy es el día de nuestra especial unión en que te colmo de gracias a fin de fortalecerte de una manera extraordinaria.
Te espera una gran lucha, pero en el signo de la Cruz vencerás. Cuando te santigües nunca estés distraída. Piensa siempre en las Tres Divinas Personas. Lo que ahora te voy a decir, hazlo público: ¡Santíguate cinco veces seguidas mientras piensas en Mis Santas Llagas! Mira siempre a Mis Ojos bañados de Sangre de tantos golpes, que de ti también he recibido.”
Oh, mi Señor Jesús, no, no sigas, porque mi corazón se quiebra.
Jesucristo.-
“¡Compadécete de Mí!”
PERSEVERA CONMIGO
10 de abril de 1962
Jesucristo.-
“No te angusties, Mi querida hijita carmelita, pensando cómo haré valer Mi causa. Yo colaboro con las almas escogidas. ¡Conténtate con ser buena! ¿Sabes, verdad, cómo es una auténtica carmelita? Vive humildemente escondida y en unión Conmigo la vida contemplativa. ¡Trata de vivir así, refrena tu lengua, guárdate de decir palabras que están de más!...
Mi amor hacía ti, Mi pequeña carmelita, no conoce límites. Sabes qué feliz estoy cuando aceptas los sacrificios que te ofrezco.
(Lo dijo con gran ternura)
¡Persevera Conmigo! ¡Qué feliz me haces con ello!... ¡Desea para Mí muchas almas para que Yo pueda repartir Mis gracias!”
En una ocasión cuando me postré delante de Él, me dijo:
Jesucristo.-
“¿Sabes cómo te he estado esperando con el Corazón oprimido? ¡Ves, qué solo Me encuentro! Si tú no vinieras, Me encontraría enteramente huérfano.
Tú también, hijita Mía, eres huérfana y conoces qué amargo es sentir la orfandad.”
Luego seguía conversando, instruyéndome.
Jesucristo.-
“Siempre te pido: no te angusties por no poder hacer sino cosas pequeñas. Vuelvo a decirte: ¡Permanece enteramente pequeña! ¿Sabes qué vamos a hacer? Tú Me darás las piedrecitas del mosaico que reúnes a lo largo del día, Yo las iré colocando según su color y su forma y cuando todo esté terminado, ¡cómo vas a maravillarte al ver la obra de arte que con ellas he creado! Pero, ves, en vano Soy artista si tú no Me las reúnes, no puedo realizar Yo la obra de arte.”
(El tono de Su Voz era de verdadera súplica).
ORDEN DEL DÍA
Un día me dijo:
Jesucristo.-
“Te voy a dar ahora, hija Mía, la distribución de tus días. De esto comencé a hablarte una vez, lo recordarás, pero quería incluir más cosas en tu programa, por eso lo he diferido hasta hoy. Ven, si tienes tiempo, y si tienes mucho, dímelo, el querer es tuyo. Respeto mucho tu voluntad. Me halaga si Me la entregas espontáneamente.
LUNES: Día de las ánimas. Cada movimiento tuyo esté marcado con el deseo de querer ayudarlas.
Desea, en unión Conmigo, que las ánimas cuanto antes puedan contemplar Mi Rostro. Tanto el ayuno estricto como la oración durante una parte de la noche, ¡ofrécelos por ellas!
El ayuno estricto que ahora te pido y la oración de vigilia no lo pido tan sólo a ti. Los harás públicos juntos con los demás mensajes de Mi Corazón: Quien ayuna a pan y agua el lunes, librará cada vez un alma sacerdotal del lugar del sufrimiento.
Quien practica esto, él también recibirá la gracia del ser librado del lugar de las penas antes de que transcurran ocho días después de la muerte.
Esto mismo lo pide Nuestra Madre. Ella apelando a Su Llama de Amor Me obliga a esto.
MARTES: Éste sea el día que ofreces por tu familia.
Haz comuniones espirituales por cada miembro de ella, ofrécelos uno por uno a Nuestra querida Madre, Ella los tomará bajo Su protección. La oración de vigilia de esta noche la ofrecerás también por ellos.”
Señor, yo suelo dormir profundamente. ¿Qué será si no puedo despertarme para velar?
Jesucristo.-
“Yo te ayudaré en esto también. Si algo te es difícil, dilo con confianza a Nuestra Madre. Ella también pasó muchas noches en vela orando. Sabes, hija Mía, tienes que ser muy responsable para con tu familia. Debes conducirlos a Mí, a cada uno según su modo de ser particular. Pide ininterrumpidamente Mis Gracias para ellos. Vamos a trabajar juntos, no puedo prescindir de tu ayuda. Tu dignísimo Patrono es San José. ¡No lo olvides!
¡Invócale a él también todos los días! Te ayudará con alegría. Y así tendremos la causa ganada.
Nota del editor: Suponiendo que ha muerto en gracia de Dios. (En una conversación, la señora Isabel dijo lo siguiente: “En el Diario, en diferentes lugares donde se habla de la liberación de las almas, cada vez hubiera tenido que escribir: si han muerto en gracia de Dios. Como lo consideraba entonces tan evidente, me parecía superfluo expresarlo).”
MIÉRCOLES: Día de las vocaciones sacerdotales.
Pídeme muchos jóvenes de almas fervorosas. Cuantas quieras, tantos vas a recibir, porque en el alma de muchos jóvenes vive el deseo, sólo que no encuentran quién les ayude a realizarlo.
No seas acobardada. Por medio de las oraciones de vigilia puedes alcanzar también para ellos gracias abundantes.
JUEVES: Dedícalo para ofrecer reparación al Santísimo Sacramento.
En ese día pasarás horas en Mi Sagrada Presencia. Adórame con fervor especialmente grande y repárame por las muchas ofensas que Me han infligido.
El ayuno estricto ofrécelo por las doce almas sacerdotales. La vigilia nocturna también ofrécela por ellas. ¡Sumérgete en Mi Dolorosa Agonía en Mis padecimientos de sudores de Sangre! De esto vas a sacar mucha fuerza espiritual.
VIERNES: Día de Mi Pasión.
¡Con todo el amor de tu corazón, sumérgete en Mi Dolorosa Pasión! De mañana, al despertarte recuerda lo que, después de los terribles tormentos nocturnos, Me esperaba todo el día. Mientras estés trabajando, contempla hasta el fin el Vía Crucis en que no tuve ni un momento de descanso. Exhausto hasta el extremo, Me obligaron a subir al Monte Calvario. Tienes mucho que contemplar. Llegué en verdad hasta lo último. Por eso te digo, no puedes caer en exceso al hacer algo por Mí.
Desde el medio día hasta las tres de la tarde adora Mis Santas Llagas. El ayuno ojalá lo guardes hasta la hora en que bajaron Mi Sagrado Cuerpo de la Cruz. Este día, la oración de vigilia, ofrécela por los doce sacerdotes. Si aceptas sacrificarte, hija Mía, recibirás todavía mayor abundancia de gracia.
SÁBADO: Día de Nuestra Madre.
En este día, venérala a Ella de un modo especial, con particular delicadeza.
Ella, bien lo sabes, es la Madre de las Gracias, desea que la veneren en la Tierra como la veneran en el Cielo la multitud de Ángeles y de Santos. Pide, para los Sacerdotes que estén agonizando, la gracia de la buena muerte. Ofrece a esta intención cada instante del día. Sabes, ¡qué gran premio recibirás por eso! En el Cielo las almas sacerdotales intercederán por ti y la Santísima Virgen también esperará tu alma en la hora de tu muerte. La vigilia nocturna ofrécela a este fin.”
DOMINGO:
Para este día el amable Redentor no dio ningún programa.
(Estas conversaciones tuvieron lugar aproximadamente en el mes de Julio, pero no sé exactamente el día).

Fátima Maldonado | 15/07/2015 en 8:58 AM | Etiquetas: Isabel Kindelmann, | Categorías: Mensajes | URL: http://wp.me/p1gGX6-2F9
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PASOS PARA UNA BUENA CONFESIÓN:

Yo me confieso , ¿ Y tú?

Yo me confieso , ¿ Y tú?
Para recibir la Sagrada Eucaristía hacen falta tres condiciones: 1) estar en gracia de Dios; 2) saber a quién se va a recibir, acercándose a comulgar con devoción; 3) y guardar una hora de ayuno antes de comulgar.

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Confesarse:

Decía el Santo Cura de Ars:

Hay quien esconde pecados mortales por diez, veinte, treinta años. “Siempre están atormentados; siempre está presente su pecado en su mente; siempre tienen el pensamiento de decirlo, y nunca lo hacen… ¡es un infierno!

Cuando hacéis una buena confesión, habéis encadenado al demonio. Los pecados que escondemos reaparecerán todos. Para esconderlos bien, hay que confesarlos bien”. Y añadía: “Hay que dedicar más tiempo a pedir la contrición que a examinar los pecados”.

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